Canción de San Valentín


San Valentín es un día como cualquier otro. ¿Por qué es el día del amor, precisamente hoy? ¿Y si hoy me siento antiromántica? ¿Y si hoy odio al mundo entero porque tengo la regla, he perdido mi jersey favorito y mi abuela se ha muerto? ¿Qué pasa entonces?

Yo te diré lo que pasa: entonces lo que menos apetece es celebrar, con bombones y rosas rojas. Quizás gritar un rato, y escuchar nanas tristes, y luego gritar otro poco. Y seguir gritando hasta que aparezca alguien para mandarte callar. Así que lo siento, pero hoy no me hables de amor. No tengo ganas de hacer frente al amor como se entiende hoy en día, a los "te quiero" siempre en la punta de la lengua. Hoy sólo quiero abrazarme a mi madre, porque lo necesita, y llorar y cantar que estará bien. Porque ahora nadie puede hacerle daño. Y cerrar los ojos, el sol se está poniendo, y no pasa nada, porque por la mañana todo habrá sido un mal sueño y vamos a estar sanas y salvas.
Sí, San Valentín es un día como cualquier otro. ¿Por qué es el día del amor, precisamente ahora?

El videoclip

Se pone un vestido rojo, su cita que no llega, toda la noche esperando y cuando por fin se abre la puerta es un señor con bigote... Quizás sea mejor seguir soñando... ¿no?


P.D.: Muy fan del señor del bigote, en serio, muy fan.

Canción de Otoño

El Otoño suena a café por las mañanas, a gritos de "¡Llegas tarde a clase!" y a libros no-tan-nuevos. A alarmas estridentes, a "¡Maldita sea, hay exámen mañana! (Y no he estudiado nada)", y a prisas. A bostezos, a explicaciones interminables y a otras demasiado cortas.
A rutina.
El Otoño suena a triste, pero sólo un poco; a letras con sentido, pero no del todo; a acompañamientos musicales que no se limitan a martillearte los oídos, pero sólo a ratos. Eso es cosa del invierno. El Otoño suena a estribillos que se repiten, una y otra vez, aunque sin necesidad de ser balbuceos inconexos.
A Otoño.

Presentación: Mis Gustos Musicales

Yo y la música. La música y yo. Soy incapaz de salir de casa sin el reproductor de música, porque es como una parte más de mi cuerpo y sin él me siento desnuda (como otra gente sin pendientes o maquillaje). Incluso aunque luego no le haga ni caso a lo que está sonando. Necesito tener los auriculares puestos, ya lo tengo asumido. Puedo pasarme días escuchando una canción en un bucle infinito y después no volver a ponerla en la vida. U odiarla con toda mi alma y que cada vez que la escuche me guste más.


Me gustan canciones, individualmente, no grupos, cantantes o géneros musicales. La verdad es que la mitad de las veces no sabría ni decir a qué género pertenece la canción (pop la mayoría, supongo, porque está hasta en la sopa) y de quién es sólo lo sé porque necesitaba el nombre para buscarla. Me gusta la música triste, los estribillos de guitarra y las voces bonitas. (Y saber de qué habla, también) Pero no sólo eso. También pueden gustarme los berridos ininteligibles, las canciones que se pegan como chicles aunque no quieras y los gorgoritos imposibles (pero no se lo digas a nadie). Y las bandas sonoras, sobre todo las canciones de los malos de Disney, pasando por Piratas del Caribe y Chicago. O sencillamente poner la radio y rezarle a alguien (que no sé quién será, pero nunca me hace ni caso) para que ponga esa canción que pillé el otro día a medio acabar y poder enterarme de una vez de cómo narices se llama.