A rutina.
El Otoño suena a triste, pero sólo un poco; a letras con sentido, pero no del todo; a acompañamientos musicales que no se limitan a martillearte los oídos, pero sólo a ratos. Eso es cosa del invierno. El Otoño suena a estribillos que se repiten, una y otra vez, aunque sin necesidad de ser balbuceos inconexos.
A Otoño.

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